EMPRESA

DIARIO LA VERDAD 26 AGOSTO 1996

Joaquín Egea : "La cultura del esparto dejó en Cieza su huella y sus enseñanzas"

El motor de la economía ciezana ha cambiado radicalmente en sólo unas décadas. Antes lo monopolizaba el esparto, ahora lo hace la agricultura, pudiendo hablarse casi de un monocultivo, el del melocotón.
     La de los cuarenta fue una década mísera, muchos pasaron necesidad. Era la posguerra, la dolorosa consecuencia de una triste página de la historia de nuestro país. A pesar de ello en Cieza había mucho trabajo. Casi todos se dedicaban el esparto.
Aquellas fechas, aquel trabajo, tienen ahora un valor especial. Existe la memoria viva de muchos hombres que, de niños, le dieron a la rueda y de bastantes mujeres que picaron el esparto y de algunos empresarios que se dedicaron a ello.
     Se hacen exposiciones , como la del Club Atalaya hace unos días, en las que se muestran aperos de la época... Y es que aquello fue para Cieza más que un trabajo, fue una cultura, la cultura del esparto que, como todas las culturas, deja sus huellas, sus enseñanzas, sus consecuencias.
     De ella puede hablar bien Joaquín Egea Fernández, un Ciezano de familia de agricultores, que cuenta ahora con 79 años y que en 1942 montó su empresa, Egea Hilaturas, dedicada a manufacturar esparto, con 18 obreros. Se modernizó, se subió al carro de la industrialización y, ahora en ella, el esparto ha dado paso al sisal, que vende por toda Europa.
     Joaquín Egea, que fue por entonces secretario del ramo textil de la patronal, recuerda que “en aquellas fechas había en Cieza 120 empresas dedicadas a manufacturar esparto, ya que además de las las grandes, habían muchas pequeñas, de tres o cuatro trabajadores, ubicada en cualquier calle, debajo de una olivera...., donde fuera”.
     De aquellas “ya no queda ninguna excepto nosotros que, entonces, hacíamos artículos delicados, cordelería en general y trenzado para alpargatas”. Fueron cerrando, una tras otra en pocos años, entre ellas, algunas muy importantes, como las de Maripinar, Martínez Montiel o Guirao”. Hasta entonces, el 60% de la población vivía de la industria del esparto y, un 20% , de la agricultura.
     Otro empresario le inició en el camino de la industria, “fue Don José Pérez Gómez, que cuando yo tenía once años me llevó, de la mano, a recorrer toda su empresa, la antigua fábrica de los Guirao, porque yo iba a mirar todas las tardes, por la ventana, cómo trabajaba la gente” y aquello le dejó huella “hasta el punto de que , más adelante, gané una plaza de secretario judicial y la dejé para montar mi fábrica”.

 
Las tareas relacionadas con el esparto eran muy variadas y, a ellas, se dedicaban todos los de la familia “los niños le daban a la rueda, las mujeres machacaban el esparto en las bandas para picar y hacían trenza en sus casas. Los hombres se ocupaban de las demás labores como la recogida , la cocida, el traslado en carretas, el rastrillado y el hilado”.
     Está convencido de que el esparto tuvo, en aquella época, tanta salida“ porque no había divisas, el estado estaba en penuria, no se importaban fibras y nos tenìamos que autoabastecer con el esparto como materia prima para confeccionar muchas cosas”.
     Con los años llegó la mecanización y recuerda, “me fui a Madrid y a Barcelona a comprar máquinas, las primeras de ellas que sustituían el trabajo de darle a la rueda, me costaron 30.000 pesetas y hacían el trabajo de seis u ocho chiquillos”. Sin embargo , siguió con el mismo número de trabajadores, que al principio, o incluso más, (ha llegado a tener 75) y era, “porque las máquinas permitían hacer mayor producción y, por tanto, vender más barato”.
     Joaquín Egea cree que , el empresario, “como Indurain, cuando afronta un reto no debe pensar en el dinero que va a ganar, sino en que tiene que hacerlo lo mejor que pueda, y si es posible, ser el primero”. Por ello, “había que acomodarse a los nuevos tiempos o estabas abocado al fracaso”. Así , “renové toda la maquinaria, dejé de trabajar el esparto y ahora nos dedicamos a sólo al sisal que, compro en Kenia y otros países africanos y, luego vendemos la cordelería por toda Europa”.
     Los países del Este son también un buen mercado “aunque a Rusia le vendí 200.000 Kg, en la época de Gorbachov, que venían los containers con la hoz y el martillo pintada, hasta que la tacharon poco después y, al poco tiempo, por problemas en su país dejaron de venir”. Aquella venta le reportó a Egea hilaturas, la medalla de oro al mérito a la exportación.
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      EGEA HILATURAS S.L.
      Ctra. Madrid, 10
      Apartado Correo 18
      30530 Cieza (Murcia) ESPAÑA
      Tel. +34 968 760 314